Hace unas semanas, en nuestro espacio con los
niños, tuvimos la oportunidad de trabajar una historia bíblica muy especial: la
historia de Bartimeo el Ciego. Para esta ocasión realizamos una
actividad que, además de ser dinámica y llamativa, dejó una enseñanza profunda
tanto en los niños como en mí.
El taller consistió en colocar los ojos a
Bartimeo, una actividad sencilla en apariencia, pero cargada de
significado. A través de esta dinámica, los niños no solo participaron con
entusiasmo y creatividad, sino que también se involucraron de manera activa en
la historia, comprendiendo mejor la realidad que vivía Bartimeo y la
importancia del milagro que Jesús realizó en su vida.
Mientras observaba la participación de cada niño,
su atención y sus reacciones, esta actividad captó especialmente mi interés, ya
que permitió llevar la enseñanza bíblica más allá de las palabras,
convirtiéndola en una experiencia vivencial. Fue en ese momento, en medio del
taller y la interacción con los niños, cuando llegué a una reflexión que marcó
profundamente mi corazón y que quiero compartir a continuación.
Jesús le preguntó
a Bartimeo el ciego “¿qué quieres que te haga?” Y él respondió: “señor que
reciba la vista”. ¿Qué quieres? para situarle una prueba; ahondar su real
juicio de su penuria, y para estimular su fe en él. La respuesta de este hombre
es Señor, “Rabboni” una aclamación suficiente y llena de confianza.
Bartimeo estaba
sentado pasó Jesús en el camino, a pesar de que lo callaban no les hizo caso a
los discípulos y se acercó a Jesús no perdió la oportunidad.
Nuestra
oportunidad tiene que ver con nuestro presente y nuestro ahora, Bartimeo El
Ciego aprovechó su oportunidad, la vida está llena de estas situaciones es
también un proceso de elección (elecciones buenas o malas). Aún está decidir
por el cielo o el infierno hay que saber aprovechar las oportunidades que nos
presenta el señor para crecer espiritualmente y alcanzar el cielo.
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