Marzo - Abril

 

Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia muy especial en Cajamarca, con la visita del grupo de voluntarios al que también pertenezco. Aunque cada uno suele realizar su labor en distintos lugares, en esta ocasión compartimos el espacio donde yo llevo a cabo mi voluntariado, lo que hizo que este encuentro fuera aún más cercano y significativo para mí.


En principio, como suele pasar, existían algunas diferencias culturales y ciertas formas de pensar que marcaban distancia entre nosotros. Sin embargo, con el paso de los días, fuimos dejando de lado esas barreras, incluyendo actitudes autoritarias que teníamos los unos de los otros, que a veces surgen sin darnos cuenta, para dar paso a una convivencia más amigable y cercana.

Entonces poco a poco surgió el construir una relación más familiar, basada en el respeto, la escucha y la aceptación. Fue muy enriquecedor no solo compartir el trabajo de voluntariado, sino también nuestras costumbres, experiencias y maneras de ver la vida. Cada uno aportó algo valioso al grupo, y en esa diversidad encontramos una gran fortaleza que nos impulsó a dar el primer paso hacia una transformación significativa.

Todo este cambio no habría sido posible sin la guía de Jenny, nuestra coordinadora, quien supo observar con atención las dinámicas que se daban en cada encuentro del grupo. Ella notó las posiciones que asumíamos entre nosotros y cómo, en ocasiones, eso influía en la manera en que nos tratábamos. A partir de ello, tomó la iniciativa de transformar esa realidad, ayudándonos a cambiar la forma en que nos veíamos y nos relacionábamos como grupo.

Para mí, fue especialmente importante poder mostrarles el lugar donde realizo mi voluntariado, ya que no solo compartí un espacio físico, sino también una parte de mi experiencia personal. Esto permitió que nos conociéramos desde una perspectiva más real y cercana.

Este tiempo nos ayudó a mirar la realidad de cada uno con otros ojos, dejando de lado prejuicios y comprendiendo mejor las historias que cada persona lleva consigo. Sin duda, fue una experiencia que nos hizo crecer, tanto como grupo como a nivel personal, recordándonos que el verdadero sentido del voluntariado también está en aprender los unos de los otros.

 

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