Hace unas semanas tuvimos la oportunidad de vivir una experiencia muy especial en Cajamarca, con la visita del grupo de voluntarios al que también pertenezco. Aunque cada uno suele realizar su labor en distintos lugares, en esta ocasión compartimos el espacio donde yo llevo a cabo mi voluntariado, lo que hizo que este encuentro fuera aún más cercano y significativo para mí.
En principio, como suele
pasar, existían algunas diferencias culturales y ciertas formas de pensar que
marcaban distancia entre nosotros. Sin embargo, con el paso de los días, fuimos
dejando de lado esas barreras, incluyendo actitudes autoritarias que teníamos
los unos de los otros, que a veces surgen sin darnos cuenta, para dar paso a
una convivencia más amigable y cercana.
Entonces poco a poco surgió
el construir una relación más familiar, basada en el respeto, la escucha y la
aceptación. Fue muy enriquecedor no solo compartir el trabajo de voluntariado,
sino también nuestras costumbres, experiencias y maneras de ver la vida. Cada
uno aportó algo valioso al grupo, y en esa diversidad encontramos una gran
fortaleza que nos impulsó a dar el primer paso hacia una transformación
significativa.
Todo este cambio no habría
sido posible sin la guía de Jenny, nuestra coordinadora, quien supo observar
con atención las dinámicas que se daban en cada encuentro del grupo. Ella notó
las posiciones que asumíamos entre nosotros y cómo, en ocasiones, eso influía
en la manera en que nos tratábamos. A partir de ello, tomó la iniciativa de
transformar esa realidad, ayudándonos a cambiar la forma en que nos veíamos y
nos relacionábamos como grupo.
Para mí, fue especialmente
importante poder mostrarles el lugar donde realizo mi voluntariado, ya que no
solo compartí un espacio físico, sino también una parte de mi experiencia
personal. Esto permitió que nos conociéramos desde una perspectiva más real y
cercana.
Este tiempo nos ayudó a mirar la realidad de cada
uno con otros ojos, dejando de lado prejuicios y comprendiendo mejor las
historias que cada persona lleva consigo. Sin duda, fue una experiencia que nos
hizo crecer, tanto como grupo como a nivel personal, recordándonos que el
verdadero sentido del voluntariado también está en aprender los unos de los otros.

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