Enero

 

Un nuevo año, el mismo llamado al servicio

Comienza un nuevo año, y con él llegan nuevos retos, nuevas metas y nuevas oportunidades. Sin embargo, hay algo que permanece constante en mi caminar: el llamado al servicio. Aunque el calendario cambia, el propósito sigue siendo el mismo. Continúo apoyando a los jóvenes en la iglesia, compartiendo enseñanzas, caminando junto a ellos y aprendiendo en el proceso, tal como Jesús nos enseñó.

Servir no es solo una tarea dentro de la iglesia, es una forma de vivir. Jesús mismo nos dejó este ejemplo cuando dijo en Marcos 10:45: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Esta enseñanza nos recuerda que el servicio verdadero nace del amor y de un corazón dispuesto a dar, sin esperar nada a cambio.

Además del trabajo con los jóvenes, este servicio se extiende al acompañamiento de los niños, apoyándolos de manera práctica en áreas fundamentales como la matemática y la lectura. A través de estas enseñanzas no solo se refuerzan habilidades académicas, sino también valores como la disciplina, la perseverancia y la confianza. Cada aprendizaje se convierte en una oportunidad para sembrar esperanza y motivación en sus vidas.

Trabajar con niños y jóvenes es una bendición que me permite entender que el servicio va más allá de compartir la Palabra; también se manifiesta en acciones concretas que impactan su desarrollo integral. Mientras enseño, también aprendo: aprendo a ser paciente, a escuchar y a reconocer que Dios obra incluso en los detalles más simples.

Este nuevo año reafirmo el compromiso de seguir sirviendo con constancia y amor, aprovechando cada oportunidad que Dios nos da. Como nos exhorta Gálatas 6:10: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” Esta palabra nos anima a no cansarnos de hacer el bien, aun cuando el esfuerzo parece silencioso.

Servir a los niños mediante la educación y a los jóvenes mediante el acompañamiento espiritual es una forma de reflejar el amor de Cristo en lo cotidiano. No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de ser fieles en lo que Dios pone delante de nosotros.

Este nuevo año no se trata de cambiar el rumbo, sino de permanecer firmes en el llamado, sirviendo como Jesús nos enseñó: con humildad, entrega y amor, confiando en que Dios sigue obrando en cada vida, y que nuestro caminar en sus sendas es Seguro.







 

 

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