Un
legado que permanece en el servicio
Durante este mes
vivimos una pérdida que marcó profundamente nuestros corazones, la esposa del
pastor de la iglesia donde realizo mi voluntariado partió de este mundo. Su
partida fue repentina, aunque llevaba 28 años enfrentando con valentía varias
enfermedades, pero que nunca fueron un impedimento para servir a Dios.
Haberla conocido
fue un regalo para mí. Su vida fue un testimonio constante de fe, perseverancia
y amor por la obra del Señor. A pesar de las limitaciones físicas, nunca
permitió que la enfermedad apagara su deseo de servir. Viajamos muchas veces
juntos durante mi voluntariado para trabajar con los niños en la comunidad de
Namora, en Cajamarca. Cada viaje reflejaba su compromiso. Siempre estuvo
presente. Siempre con una sonrisa. Siempre con un corazón dispuesto.
Su vida me
recuerda las palabras de Isaías 40:29: “Él da esfuerzo al cansado, y multiplica
las fuerzas al que no tiene ningunas.” Humanamente hablando, su condición pudo
haber sido una excusa. Pero espiritualmente, fue una plataforma para mostrar
que la fuerza verdadera viene de Dios porque su poder se perfecciona en la
debilidad. En su debilidad, vimos el poder de Dios manifestarse en fidelidad y
constancia. Nos enseñó que servir no depende de las circunstancias ideales,
sino de un corazón dispuesto.
En este tiempo
continúo realizando mi voluntariado. Gracias a Dios, cada día con más fuerza y
convicción. Ahora entiendo aún más que cada clase, cada enseñanza y cada
momento invertido en los niños tiene un valor eterno. Como se menciona en la
Primera carta a los Corintios 15:58: “Estad firmes y constantes, creciendo en
la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en
vano.” Eso es lo que permanece en mi corazón, nada de lo que hacemos para Dios
es en vano porque a su tiempo segaremos.
Hoy más que nunca
comprendo que el servicio no se detiene ante la adversidad, se fortalece. Sigo
adelante, no solo por compromiso, sino por convicción. Lo que realmente importa
es que cada niño aprenda, que cada joven crezca, y que en cada enseñanza se refleje
el amor de Cristo.
La partida duele,
pero el ejemplo impulsa. Y mientras Dios me conceda fuerzas, seguiré sirviendo.
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